jueves, 21 de junio de 2012

La gesta del Regimiento Alcántara y su Laureada Colectiva

Por el Excmo. Sr. don Alfonso de la Rosa Morena,
Teniente General del Arma de Caballería, Director del CESEDEN

( Agradecemos al general De la Rosa su autorización
expresa para publicar en nuestro blog estos escritos )


El Consejo de Ministros, reunido el 1 de junio de 2012, propuso a SM el Rey, Soberano de la Orden de San Fernando, y éste ha tenido a bien, conceder al Regimiento de Caballería Alcántara, la Cruz Laureada Colectiva de San Fernando, la más alta condecoración militar española.

Tras 91 años se reconoce el valor heroico demostrado en la acción en la que en un 22 de julio de 1921 y protegiendo la retirada de las tropas que desde Annual se replegaban hacia Melilla, supieron demostrar el espíritu de sacrificio de la Caballería.

La mayor parte de los integrantes del Regimiento, 28 de los 32 Oficiales y 523 de los 685 de las clases de tropa fallecieron en esas acciones. Muy pocos fueron los extenuados jinetes del Alcántara que lograron sobrevivir aquella tarde. Hasta ocho veces, la última de ellas con los caballos al paso, fruto de su agotamiento, cargó el Alcántara contra los harqueños que diezmaban las unidades españolas en retirada.

Este glorioso y por fin laureado Regimiento fue el mismo que en el año 1959 y procedente de Melilla llegó a Jaén y durante 6 años permaneció en lo que se llamó Cuartel de Vaciacostales, hoy cocheras del tranvía.

Por sus filas pasaron un gran número de jiennenses que dejaron en los pliegues de su Estandarte el beso con el que juraron su compromiso con España. Estoy convencido que hoy se sentirán más orgullosos de haber servido en un oficialmente reconocido “Heroico Regimiento”.

Somos muchos los jiennenses, que ya peinamos canas, que recordamos los espectaculares desfiles a caballo por las calles de Jaén, de sus jinetes vestidos con sus capas blancas, como herederos que fueron de los Grupos de Caballería de las Fuerzas Regulares.

Pronto dejó el Alcántara la ciudad de Jaén, en Febrero de 1966 volvería a la ciudad de Melilla, pero en base a uno de sus dos Grupos de Escuadrones se formó el Grupo Ligero de Caballería IX, una unidad más reducida, ya sin caballos, que hasta diciembre de 1985, fecha de su disolución, completó 25 años de presencia de la Caballería en la ciudad de Jaén.

La Laureada pendiente ha sido concedida 91 años después







Pintura dedicada al Regimiento Alcántara


El Regimiento Alcántara llega a Jaén en Diciembre de 1959.

El Grupo Ligero de Caballería IX se funda en Febrero de 1966 en base a uno de los dos Grupos de Escuadrones de este heroico Regimiento.

En el Monumento a los Caídos del Cuartel de Vaciacostales había una lápida con esta leyenda:

A LOS HEROICOS JINETES DE ALCANTARA QUE SUPIERON ENSEÑAR COMO SE MUERE POR LA PATRIA Y CUAL ES EL DEBER DE TODO ESPAÑOL


La muerte heroica de un Educando de Banda

La monjita que acompañaba al muchacho, en uno de los primeros días de Enero de 1921, hasta el acuartelamiento del Regimiento de Caballería “Cazadores de Alcántara” Nº 14 en Melilla, era la misma que catorce años atrás se encontraba de guardia junto al torno del hospicio donde era depositado un niño en un cesto de mimbre y con una nota escrita a lápiz donde con cierta dificultad podía leerse: “Este niño no ha sido bautizado, cuiden de él por amor de Dios y hagan que el día de mañana sea un hombre honrado y de provecho”.  Durante el trayecto, la monja iba recordando esa fría noche de Enero de 1907, cuando, medio adormilada en su guardia, creyó sentir el tintineo de la campanita, producido por el desplazamiento circular del torno al girar sobre sus goznes, así como los pasos presurosos al alejarse, de la persona que había depositado en él la cesta con el niño en su interior.  Y este era el muchacho, todavía un niño, que educado por la comunidad religiosa del benéfico centro durante sus primeros 14 años, camina hoy a  su lado con cierta tristeza reflejada en sus ojos, al tener que abandonar el centro donde se crió, pero con la alegría que le producía el saber que, si todo iba bien,  ese mismo día podría vestir el honroso uniforme de la Caballería Española; ya que desde meses atrás y esperando tener cumplida la edad reglamentaria, 14 años, había venido manifestando su deseo de “sentar plaza” como educando de banda para luego seguir la honrosa carrera de las armas y poder alcanzar con su esfuerzo y estudio los nobles y honrados galones de Suboficial Maestro de Banda del Arma de Caballería.  Empleo éste, que ya habían alcanzado varios de sus más antiguos compañeros del hospicio, para honra, satisfacción y estímulo de esta  noble, caritativa y benéfica Institución.

No hubo problema alguno en la filiación del muchacho. El Coronel prometió a la monjita que podía marcharse tranquila, ya que desde ese momento el chico quedaba bajo su protección y al amparo del glorioso Estandarte del Regimiento.  Reconocido por el Capitán médico y declarado “útil y apto” para el servicio de las armas, el chico fue filiado como “Educando de Banda” voluntario, por un período de cuatro años y “sin opción a premio”. En el mismo acto, el Sr. Coronel ordenó al Suboficial Maestro de Banda del Regimiento que se hiciera cargo del nuevo educando, al que iniciaría en la enseñanza de los toques de clarín y de trompeta reglamentarios en la Caballería y de cuyos progresos le tuviese puntualmente informado. Esto, sin menoscabo de la asistencia del muchacho a las Academias Regimentales para que siguiera progresando en el noble arte de la escritura, la lectura y las cuatro reglas fundamentales de la aritmética. Ordena finalmente el Coronel al Subayudante, que por la sastrería del Cuerpo se le confeccione un uniforme de paseo al nuevo educando adecuado a su edad y estatura.

Habían transcurrido ya seis meses desde aquél día y ahora estamos en el mes de Julio del citado año 1921. El Regimiento de Cazadores de Alcántara se encuentra destacado, en misiones de campaña, en las desérticas llanuras de Annual, Zona Oriental del Protectorado de España en el Norte de África.  Durante los días 21 y 22 del citado mes de Julio –días tristísimos para la Patria- se ha producido el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla, y la propia plaza de Soberanía española ha estado a punto de caer bajo las hordas rifeñas, sublevadas contra España por el cabecilla Abd-el-Krim. De la Península, acuden en socorro de la plaza melillense varios batallones de Infantería y con la mayor urgencia se trasladan también hasta Melilla, desde la Zona Occidental del Protectorado, los Regulares de González Tablas y el Tercio de Extranjeros  al mando de su jefe, el Teniente Coronel Don José Millán Astray Terreros.

En Annual nuestras tropas han sido masacradas por las cábilas de harqueños declarados en rebeldía, y la desesperación, el pánico y el desaliento han cundido entre nuestros soldados y han llevado a la deserción de la mayor parte de unidades indígenas que servían bajo nuestra bandera.  El Comandante General de Melilla, Don Manuel Fernández Silvestre ha muerto, al parecer disparando su pistola contra el enemigo, aunque su cadáver nunca fue encontrado.

El General de Brigada de Caballería Don Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, 2º Jefe de la Comandancia General asume el mando y concentra las dispersas tropas en Dar Drius, para intentar desde allí la retirada a las sucesivas posiciones de El Batel y Tistutin (donde comienza el ferrocarril minero que facilitará la evacuación de heridos y enfermos hasta Melilla), para enlazar posteriormente con Monte Arruit y esperar allí, en posición defensiva, la llegada de refuerzos urgentemente solicitados.

A las tres de la tarde del día 23 de Julio, el General Navarro ordena la retirada hacia la posición de “El Batel”, si bien preocupado sobremanera por el bajo estado moral de las tropas con el consiguiente detrimento de la disciplina. De la protección de la columna encarga al Regimiento de Caballería “ALCÁNTARA” Nº 14, que tras la muerte heroica de su coronel Don Francisco Manella Corrales, ha tomado el mando, el Teniente Coronel Don Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, ilustre jefe del Arma de Caballería, Profesor de Equitación Militar y hermano menor del Teniente General de sus mismos apellidos. Don Fernando sabe que la papeleta que le ha encargado el general es de difícil solución. En una palabra, el cumplimiento de la misión implica que el Regimiento se ha de sacrificar, si preciso fuere, en beneficio del resto de sus compañeros de armas. En el Regimiento, a nadie se le oculta la gravedad de la  misión encomendada.

Puesta en marcha la columna, escoltada por los escuadrones de “Alcántara” nuestras tropas avanzan sin novedad, si bien y a poco de comenzar el avance ya tiene el Regimiento que dar su primera carga, pues un pequeño convoy, con los heridos mas graves, estaba siendo atacado por los harqueños. El teniente coronel manda cargar a uno de sus escuadrones, haciendo replegarse al enemigo y consiguiendo que el convoy se abra paso y llegue sin novedad a Melilla.  Sobre las cuatro de la tarde, y tras una hora de marcha, la columna logra alcanzar el cauce del Rio Igán, que en este mes de Julio baja completamente seco.  Allí han tendido los moros una emboscada a la columna y de improviso el fuego rifeño se hace patente desde los montes y laderas cercanas. El enemigo, muy superior en número y crecido por la victoria sobre nuestras tropas en Annual, ataca decidido sobre nuestros desmoralizados efectivos. El Teniente Coronel Primo de Rivera sabe que ha llegado la hora del sacrificio. El Regimiento entero sucumbirá, si es necesario, para que la columna pueda progresar hasta alcanzar “El Batel”.

Reagrupado el Regimiento, el teniente coronel manda que los escuadrones formen en “línea de a cuatro”, para acto seguido, con su voz fuerte y bien timbrada, arengar a sus soldados:

“La situación , como ustedes pueden ver es crítica, ha llegado el momento de sacrificarse por la Patria cumpliendo la la sagrada misión del Arma, que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber”.

El joven educando de nuestra historia que habíamos dejado recién filiado el día de su ingreso en el Regimiento, pese a su juventud y al corto tiempo que lleva en el mismo, actúa ya como “trompeta o clarín de órdenes”, y ocupa su puesto en formación “a dos largos de caballo y a la izquierda” del que monta el jefe, esperando con el clarín pegado a los labios la orden de este para dar los toque reglamentarios.

Intuyendo que hoy va a ser un día de gloria para el Regimiento, ha adornado su clarín de mando con vestiduras de gala, figurando en su anverso bellamente bordada las armas de la Caballera y en el reverso, sobre fondo blanco la Cruz flordelisada de la Orden de Alcántara, bordada en verde, que da  nombre al Regimiento.

El Teniente Coronel lo mira fijamente y compadecido quizás por su extrema juventud, le ordena retirarse a retaguardia junto al resto de la banda, pues no lo necesita, le dice, toda vez que mandará el Regimiento “a la voz”. El joven trompetilla hace como que obedece y simula retirarse, pero en su mente resuena aún con fuerza la fórmula de su reciente juramento al Estandarte, en lo que dice de “Obedecer y respetar siempre a vuestros jefes, no abandonarles nunca...”. Y si había jurado esto ¿cómo iba él a “abandonar” a su Teniente Coronel en estos momentos de peligro?. Jamás lo haría, sino podía combatir como educando lo haría como soldado, pues ya dejó de ser un niño el día que vistió el honroso uniforme de la Caballería.

Puesto el Regimiento al paso, el Teniente Coronel desenvaina y a la voz ordena a sus escuadrones: ¡Saquen... Sables!, y los sables de los jinetes de “Alcántara” brillan refulgentes cual rayos cegadores al salir de sus vainas, mientras golpean con sus espuelas los ijares de sus caballos para pasar “al trote” y alcanzar poco después el galope. De nuevo suena potente la voz del Teniente Coronel Primo de Rivera ordenando: ¡Para cargar!  Y acto seguido da la voz ejecutiva:

¡Carguen! ¡VIVA ESPAÑA! 

Como un alud impetuoso la masa de jinetes arremete contra los harqueños recibiendo al descrestar un nutrido fuego de fusilería, que hace aumentar el galope hasta convertirse en un huracán desenfrenado.  El combate adquiere una fiereza descomunal. Las cargas se suceden pero el enemigo es muy superior en número y además domina perfectamente el medio y conoce palmo a palmo el terreno en que combate. Las bajas en los escuadrones empiezan a ser muy numerosas. Nuestro trompetilla de órdenes, con el clarín colgado a la espalda, clava las espuelas a su caballo y combatiendo como soldado, su sable, al que su débil brazo le cuesta trabajo sostener, se abate terrible buscando una y otra vez el cuerpo del enemigo.

Pero ahora, un golpe seco en el pecho seguido de un fuerte dolor junto al corazón, le hacen tambalearse en el caballo al haber sido alcanzado por una bala rifeña. Derribado al fin, la vista se le nubla y a su mente acude la imagen de una bella mujer que le sonríe y le llama con cariño a su lado. La dama que así se le presenta en su mente febril no es otra que su madre a quien nunca conoció. Después la oscuridad, el vacío, la nada. El joven educando había dejado de existir. De su cuello aún pende su clarín engalanado, salpicado ahora por la sangre tan generosamente derramada.

¡¡¡ carguen... VIVA ESPAÑA!!!

A estas alturas del combate, el Regimiento ha sufrido un gran quebranto. (También las bajas de los rifeños son muy numerosas).  Exhaustos jinetes y caballos por las cargas que llevan dadas, el tormento de la sed se hace insoportable. Una oscura costra formada por el polvo y el sudor surcaba el curtido rostro de los jinetes de Alcántara, denotando bien a las claras las varias horas de feroz refriega soportadas bajo el ardiente sol africano.  El desánimo parece que empieza a cundir entre los soldados. Y es en estos momentos de suprema angustia, cuando el Teniente Coronel Primo de Rivera, erguido majestuosamente sobre su caballo “Vendimiar”, un magnífico ejemplar español “pura sangre”, que el ilustre jefe maneja con singular maestría, arenga de nuevo a sus soldados y les pide un postrer sacrificio.

El Regimiento va a dar su última carga (la octava); si bien, y dado el grado de extenuación de jinetes y caballos, se va a producir un hecho histórico en los anales de la Caballería de todo el mundo. El Regimiento, altamente disminuido por el gran número de bajas, va a dar esta última carga con los caballos ¡al paso!

En la extrema retaguardia se encuentra formada a caballo la banda Regimental integrada por 13 jovencísimos “Educandos de Banda” a los que hay que deducir la baja del trompetilla de nuestra historia tan gloriosamente caído- , y al mando del Suboficial Maestro de Banda del Regimiento. Se encuentra también formados en retaguardia, los tres Oficiales Veterinarios, junto al Capellán y al Teniente Médico. Enfrascado el “pater” en reconfortar espiritualmente a los soldados moribundos, y esforzándose el médico en curar a los heridos y aliviar sus sufrimientos; todo ello bajo el fuego enemigo y con los precarios medios clínicos de que dispone.

Enardecidos por la vibrante arenga de su Teniente Coronel, los escuadrones de “Alcántara” vuelven de nuevo sobre los moros, pero como se ha dicho, a estas alturas del combate, las fuerzas van faltando y los caballos apenas si responden a las espuelas de sus jinetes.  Carga por última vez “al paso” el Regimiento, adentrándose con brío entre las zarzas y parapetos de los rifeños y bajo una lluvia de encendidas balas.

Muchos de los jinetes caen derribados en tierra y aún se defienden, sable en mano, del enemigo que les rodea.  Atentos a la arenga del Jefe del Regimiento, y expectantes ante el cariz que está tomando la desigual pelea, los tres Alféreces Veterinarios (Veterinarios Terceros en la denominación oficial) saben que ha llegado también para ellos la hora del sacrificio. Pese a ser “Oficiales Facultativos” (sin mando de armas) tienen profundamente arraigado el sentimiento de que, por encima de todo, son Oficiales del Regimiento de “Alcántara”, que en esta tarde del 23 de Julio, y en estos momentos de gravísimo peligro para su Regimiento, van a intentar conciliar lo aprendido en sus respectivas Facultades de Veterinaria con la asignatura sublime del amor a España, representada en la defensa del glorioso Estandarte del Regimiento; y así, transformados en un momento en Oficiales de Caballería, intentan cubrir las numerosas bajas de sus compañeros del Arma, cargando con brío contra las posiciones rifeñas.

Al fin los esfuerzos de Primo de Rivera y el brío y el tesón puesto de manifiesto por los bravos soldados y oficiales de “ALCÁNTARA” se ven culminados con el éxito. Duramente quebrantados los rifeños por el férreo castigo infligido por nuestros soldados que en impetuosa carga han irrumpido de nuevo entre sus filas, les obliga a ceder ante el terreno replegándose.

Cumplida la misión, cuando ya las sombras de la noche se han hecho patentes sobre el límpido cielo africano, los escuadrones se van incorporando poco a poco hacia la posición de “El Batel”,- muchos de los extenuados soldados marchan a pie, llevando de la brida a su no menos extenuado caballo- donde ya la columna del General Navarro había logrado alcanzar la posición, a costa eso sí, de la casi total destrucción de sus hermanos de Caballería.  Entre los que marchan a pie, y mezclado con sus soldados, figura el Teniente Coronel Primo de Rivera, a quien han matado a su corcel “Vendimiar” y ha rehusado aceptar las ofertas de cederle el suyo los soldados que aún lo conservan. Al anochecer de aquel fatídico 22 de Julio de 1921 “ALCÁNTARA” había dejado de ser un Regimiento, pero el Libro de la Historia le abriría desde entonces una de sus mas brillantes páginas.

De los hombres que formaban el Regimiento al toque de diana, al pasar la reglamentaria  lista de Retreta en la noche de ese día 22 de Julio, 28 de los 32 oficiales y 523 de los 685 clases de tropa habían muerto en combate, Sólo 67 jinetes extenuados consiguieron alcanzar la posición de El Batel.

Entre los muertos, los 13 jovencísimos trompetas que formaban la banda, y entre ellos, como se ha relatado, el joven educando de nuestra historia.


lunes, 18 de junio de 2012

Volar y valor: El valor de volar...

En este avión perdieron la vida el capitán don Julio Castellón y el alférez don Eduardo Francisco Castilla





En memoria del capitán Julio Castellón y
del alférez alumno Eduardo Francisco Castilla


Por el Coronel Pablo Martínez Delgado
Subdelegado de Defensa en Lleida

Fuente: Portal Asasve
 
El día 26 de abril saltaba la noticia de que un capitán instructor del Ejército del Aire (EA) y un alférez alumno de la Academia General del Aire (AGA) fallecían cerca de Madrid como consecuencia del accidente que sufrían con el avión C-101 en circunstancias que están por determinar. Este avión es el que utiliza la Patrulla Acrobática del EA en sus exhibiciones aéreas y el que se utiliza en tareas de enseñanza y de entrenamiento de pilotos, después de haber pasado muchas horas en los simuladores virtuales con que cuenta la AGA.

Los simuladores de vuelo o de cualquier otro tipo reúnen una serie de ventajas que se plasman fundamentalmente en el desarrollo de determinadas capacidades y habilidades del educando sin necesidad de gastar y desgastar el material, con el ahorro económico que ello supone y con la seguridad totalmente controlada de no tener accidentes. Pero al final, el militar tiene que enfrentarse con la realidad, y poner a prueba el valor de lo aprendido y la entereza de asumir que sus decisiones tienen una trascendencia para sus hombres, para sí mismo y para el material que maneja. Un piloto experimentado y su alumno fallecían fatalmente, pues volar era su destino y misión, y aceptaron con valor los riesgos a los que se enfrentaban.

Las Fuerzas Armadas cuentan con diferentes tipos de simuladores que complementan la formación de sus militares y el adiestramiento que las unidades realizan con fuerzas y medios reales sobre el terreno, en el mar o en el aire. Son una gran herramienta pedagógica, pues permite seguimientos personalizados de los alumnos; son un estímulo para los programas de I+D pues se apoyan en las últimas tecnologías y reducen el coste que supone la preparación y el mantenimiento de un ejército.

Hacer volar aviones militares, poner a navegar buques de guerra y mover soldados por el terreno tiene unos costes para el Ministerio de Defensa. En tiempo de crisis como los actuales, cualquier ahorro es importante para los ajustados presupuestos y sabemos que casi el 75% del presupuesto de este año del Ministerio se va en pagar las nóminas de los militares y civiles que trabajan en él, sometidos a la misma coyuntura salarial que los funcionarios de la Administración del Estado. Es decir, de cada cuatro euros que se gasta el Estado en seguridad y defensa, tres son para atender el gasto de personal y uno para formación, mantenimiento de infraestructuras, adquisición de bienes y equipo, etc. Como suele ser bastante recurrente acordarse de los gastos en defensa cuando se ven recortadas otras partidas que afectan a nuestro estado del bienestar y se aprovecha para señalar el número de hospitales o escuelas que se construirían con el precio de tal avión, buque o vehículo blindado, conviene también recordar que nuestro sistema de vida se asienta en un entorno de paz, estabilidad y seguridad que lo proporcionan y lo defienden unas Fuerzas Armadas suficientemente preparadas y dotadas de los medios necesarios para hacer frente a las misiones que le encomienda el Gobierno con el control del Parlamento. Es precisamente este entorno de estabilidad y paz del que disfruta la sociedad española, desde hace muchos años, lo que nos hace olvidar que es un estatus ganado, y sólo el estallido de un conflicto nos haría apreciar el valor de esa hipotética paz ausente. Son precisamente en las sociedades donde hay más inseguridad y violencia donde las escuelas y hospitales están en ruinas. (Ver los países que ocupan los últimos lugares del Índice de Desarrollo Humano 2011).

La seguridad y defensa de un país no se improvisan. Formar un buen piloto militar cuesta mucho tiempo y dinero, lo mismo que un marinero o un soldado. Cuando alguno de ellos es baja, su valor es irreparable. Lo acostumbrado en los ejércitos es juntar filas y continuar con la misión. Si la pérdida es de un avión u otro material, éste puede ser fácilmente sustituible, dependiendo de su precio en el mercado y de la solvencia de nuestro bolsillo. Pero, hemos de saber que no hay que confundir valor y precio.

sábado, 2 de junio de 2012

Semana de las FAS - Actos Centrales en Valladolid, 1 y 2 de Junio de 2012

1.- Día 1 de Junio: Jura de Bandera de personal civil

Fuente: R.Otazo (El Norte de Castilla)
Por la tarde y pesar de que la lluvia hizo acto de presencia, el paseo de Recoletos de Valladolid acogió una multitudinaria jura de bandera de personal civil. Más de 500 ciudadanos juraron bandera, encabezados por el alcalde de la Ciudad, Francisco Javier León de la Riva, al que siguieron el delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma, el subdelegado del Gobierno en Valladolid, el presidente de la Diputación y el delegado territorial de la Junta, así como otras personalidades del mundo de la cultura y el deporte.

Presidía el acto el JEMAD, almirante general Fernando García Sánchez, y el alcalde de la Ciudad que figuraba también entre los jurandos... Comenzó con un desfile de unos 200 efectivos a pie, que abrían gastadores de la Escuadrilla de Honores del Ejército del Aire, seguidos por Banda de Tambores y Cornetas de la Agrupación de Apoyo Logístico 61 y la Unidad de Música de la Agrupación de Infantería de Marina de Madrid. Seguidamente desfilaron la tres secciones de honores: una de la Agrupación de Apoyo Logístico 61, otra de la Armada con efectivos procedentes de las fragatas “Álvaro de Bazán” y “Almirante Juan de Borbón”, y del buque de aprovisionamiento en combate “Cantabria”, la Bandera de la Flota y la del Cuartel General del Ejército del Aire, todas escoltadas por oficiales y suboficiales de los tres ejércitos.

Al desfile siguió el acto de la jura de bandera del personal civil. Finalizada la jura, el coronel jefe del Grupo de Seguridad del Cuartel General del Ejército del Aire, Luis A. Ruiz Nogal, pronunció una breve alocución en la que destacó la vinculación de Valladolid con las Fuerzas Armadas.

Finalizó el acto con una exhibición aérea de la Patrulla Águila que tiñó los cielos pucelanos con el rojo y gualda de nuestra bandera.



2.- Día 2 de Junio: Acto central en la Plaza Mayor



SALVAS DE HONOR: Una batería de seis obuses OTO Melara de 105/14 mm. del Regimiento de Artillería de Campaña 63 desplegada en el parque de la Rosaleda realiza la descarga de las salvas de honor al comienzo de los actos centrales del Día de las Fuerzas Armadas en Valladolid el sábado 2 de junio de 2012.

A las 12 del medio día ha tenido lugar el acto militar central de la semana, en el magnífico escenario de la Plaza Mayor vallisoletana, presidido por S. M. El Rey, con asistencia de la Reina, Príncipes de Asturias, Ministro de Defensa, la Cúpula Militar encabezada por el JEMAD y numerosas autoridades civiles y militares.

Para nosotros farnesianos, y concretamente los integrantes de la Asociación Veteranos de Caballería de Farnesio, ha constituido un doble orgullo y honor: el Estandarte que presidía el acto, como se puede ver en la foto de abajo, en el centro, al pie del mástil que espera la bandera que porta el paracaidista que desciende, frente al palco de S.M. El Rey, era nada menos que el Estandarte de Farnesio; sí, el mismo que hace dos años nuestra Asociación donó a la Unidad y bajo el cual un grupo de veteranos juramos bandera en aquel día... Ese mismo Estandarte que besamos en tan inolvidable fecha, es el que hoy ha presidido el solemne acto central del Día de las FAS 2012. La Escuadra de batidores de nuestro Regimiento encabezaba el desfile, en el que también participaba una sección de uno de sus escuadrones de reconocimiento.

Fuente: R.Otazo (El Norte de Castilla)
Obsérvese, en el centro, el Estandarte de Farnesio, momentos antes de ser izada la bandera grande
El acto comenzó con el salto de dos cabos primeros de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire (PAPEA), uno de ellos vallisoletano, que portaron la gran enseña nacional de 39 metros cuadrados que sería izada en la Plaza.

Finalizó el acto con el homenaje a los Caídos, asistiendo como invitados familiares de los miembros de las FAS fallecidos en servicio duran el año 2011.

Está previsto que el resto de la jornada de este sábado 2 de junio, se prolongue con pasacalle con bandas militares y un concierto en la Academia de Caballería.



 

La Banda de Guerra del Regimiento Farnesio: pasacalle por Recoletos y marcha de Caballería en la Plaza de Zorrilla, en la tarde del sábado 2 de junio



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